La brecha de género en la identificación de altas capacidades no debe leerse
como diferencia de prevalencia real entre chicos y chicas. Debe leerse como una
diferencia de visibilidad, nominación, evaluación, registro y acceso a medidas.
En los datos oficiales españoles, la identificación ha mejorado respecto a
series anteriores, pero sigue siendo asimétrica. La ratio estatal pasa de
alrededor de 2,6-2,8 chicos por cada chica identificada en cursos anteriores a
una ratio aproximada de 1,87:1 en 2024-2025. La mejora existe, pero el sistema
todavía registra casi dos chicos por cada chica.
En 2024-2025, el total estatal de alumnado identificado o atendido por altas
capacidades se reparte aproximadamente así:
Estos porcentajes no describen la distribución natural de la inteligencia. Son
datos de identificación administrativa. Muestran qué perfiles llegan al registro
oficial y cuáles quedan más fácilmente fuera.
La infradetección de niñas y mujeres puede acumular varios filtros:
El resultado es una paradoja: muchas niñas pueden cumplir con lo esperado,
obtener buenas notas y, precisamente por no generar problema visible, no activar
un proceso de evaluación.
En la adultez, la identificación tardía puede tener un peso biográfico fuerte.
No solo añade una etiqueta; reorganiza recuerdos, elecciones, vínculos,
malestares y formas de adaptación. Permite entender por qué determinadas
exigencias parecían normales, por qué ciertos entornos agotaban tanto o por qué
la pertenencia social exigía rebajar intensidad, vocabulario, ambición o
curiosidad.
Ese proceso debe manejarse con cuidado. La identificación no explica toda la
vida de una persona, pero puede ofrecer una hipótesis integradora para patrones
que antes aparecían dispersos.
La proporción 65/35 no debe usarse para afirmar que hay más chicos con altas
capacidades. Debe usarse para afirmar que el sistema identifica más chicos que
chicas. La diferencia es decisiva: una habla del fenómeno, la otra del filtro
institucional.