La tradición psicométrica organiza la identificación alrededor de pruebas estandarizadas, baremos, percentiles y estimación de diferencias individuales. Binet abrió la vía práctica de la medición, Spearman formuló el factor general y Terman consolidó el uso del CI alto como criterio operativo clásico.
Su fuerza es la comparabilidad. Permite situar resultados respecto a una población normativa y estimar rareza estadística: CI 130 equivale aproximadamente al 2,28 % superior si se usa media 100 y desviación típica 15. También permite detectar discrepancias internas cuando el informe no se reduce al índice global.
Su límite aparece cuando la medida se confunde con la inteligencia misma. Un test no agota el constructo, puede tener techo, error de medida, dependencia cultural y sensibilidad al estado de la persona. En altas capacidades debe dialogar con perfil, creatividad, historia y respuesta educativa.
La psicometría aclara la rareza estadística de ciertas puntuaciones y permite comparar resultados con baremos. Es imprescindible para entender CI, percentiles, modelo CHC y techo de prueba.
El error clásico es confundir puntuación con constructo. Un índice alto no agota la alta capacidad intelectual, y un resultado menor puede infraestimar perfiles heterogéneos, 2e o mal medidos.