La metacognición permite observar el propio pensamiento, detectar errores, elegir estrategias y regular el aprendizaje. Es un puente entre cognición, educación y bienestar.
Puede favorecer aprendizaje autónomo, transferencia y creatividad. También puede derivar en sobrecontrol, perfeccionismo o rumiación si la monitorización no conduce a acción.
La metacognición depende de atención, memoria de trabajo, inhibición, flexibilidad y control de objetivos. Por eso se vincula con funciones ejecutivas y autorregulación.
No debe suponerse que una persona con alta capacidad regula bien por defecto. La regulación también se aprende.