Los protocolos convierten una definición en procedimiento: quién observa, cuándo se criba, qué instrumentos se usan, qué umbrales se aplican, cómo se confirma y qué respuesta se activa.
Un protocolo puede ampliar detección si incorpora cribado sistemático, formación y seguimiento. También puede producir desigualdad si depende demasiado de nominaciones informales o criterios locales opacos.
La calidad de un protocolo se mide por su capacidad para reconocer perfiles diversos y traducirlos en respuesta educativa efectiva.