El informe y la devolución son parte de la intervención. No basta con entregar resultados: hay que traducirlos en comprensión, decisiones y próximos pasos.
Un buen informe declara demanda, fuentes, instrumentos, modelo de lectura, resultados principales, límites, hipótesis de perfil, necesidades, medidas educativas y seguimiento. También debería separar evidencia robusta, indicios y cuestiones abiertas.
La devolución debe evitar dos extremos: tecnicismo incomprensible y simplificación identitaria. A la familia, el centro o la persona evaluada les importa qué significa el perfil, qué no significa y qué cambia desde mañana.
Un informe centrado solo en CI puede dejar fuera creatividad, doble excepcionalidad, contexto o respuesta. Un informe demasiado narrativo puede perder criterio. La devolución debe sostener ambas cosas: precisión y utilidad.