El Informe Marland de 1972 amplió la definición educativa de alumnado dotado y talentoso más allá del CI. Incluyó alto rendimiento o potencial en aptitud intelectual general, aptitud académica específica, pensamiento creativo o productivo, liderazgo, artes visuales o escénicas y habilidad psicomotora.
El giro importante fue político y educativo: si la escuela solo mira puntuación intelectual global, deja fuera formas de talento que también requieren servicios diferenciados. Marland no elimina la medición, pero obliga a pensar programas, oportunidades y áreas de desarrollo.
Su amplitud es útil para diseñar servicios, pero peligrosa si se usa sin precisión. Liderazgo, artes, creatividad, psicomotricidad e inteligencia académica no son la misma unidad de análisis. La categoría amplia necesita subcriterios: qué dominio, qué evidencia, qué nivel, qué necesidad educativa y qué respuesta.
Cuando se habla de un 3-5 % en marcos tipo Marland, se está pensando en población que puede requerir programas diferenciados bajo una definición multidominio. No es una estimación directa de superdotación psicométrica ni de perfil de máxima complejidad.