Guilford amplió el estudio de la inteligencia al destacar operaciones como el pensamiento divergente: producir múltiples respuestas posibles, variar estrategias y elaborar alternativas.
En altas capacidades, este enfoque ayuda a ver perfiles que no brillan por repetición rápida sino por reformular problemas, encontrar asociaciones y producir soluciones no obvias.
Su límite aparece cuando se mide solo fluidez. La creatividad necesita originalidad, elaboración y valor contextual; de lo contrario, se premia rareza sin criterio.
Guilford aclara que la creatividad no puede reducirse a rapidez convergente. Su eje es el pensamiento divergente: producir alternativas, variar categorías y elaborar respuestas.
No basta contar ideas. En evaluación de creatividad, la fluidez necesita contrastarse con originalidad, elaboración, valor y adecuación al dominio.