La carga cognitiva es la demanda que una tarea impone sobre memoria de trabajo, atención y procesamiento. No toda carga es mala: el aprendizaje necesita dificultad, pero la sobrecarga impide construir conocimiento.
Una tarea puede ser demasiado baja en carga relevante y, por tanto, aburrida; o demasiado alta en carga extrínseca por mala formulación, ruido, burocracia o instrucciones confusas. El reto educativo es aumentar carga germana, no fricción inútil.
El diseño de tareas debe equilibrar complejidad, claridad, apoyo y autonomía. Enriquecer no es saturar: es plantear problemas más ricos con mejores criterios.